A nivel mundial, la vida de un sinnúmero de personas de diversas edades depende de encontrar algún órgano de un donante, que les devuelva la salud y la esperanza de vida. No obstante, en la actualidad, existe un serio problema de escasez de donantes; incluso, en caso de encontrar alguno, la medicina tiene que enfrentar el problema del rechazo del cuerpo humano al órgano externo.

Ante esta apremiante situación, surgió la denominada medicina regenerativa que implica utilizar células y biomateriales por separado, o células y biomateriales juntos, valiéndose de tecnologías como bioreactores, impresoras y otros dispositivos que se pueden usar en el laboratorio, con el objetivo de generar nuevos tejidos y órganos.

Así lo explicó, el Dr. Anthony Atala, pionero en este tipo de estudios y director del Instituto de Medicina Regenerativa de la Escuela de Medicina de la Universidad Wake Forest, en Carolina del Norte (EE. UU.), tras comentar que la primera aplicación de células a un paciente con quemadura con fines de regeneración ocurrió en 1981.

Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente en este fascinante campo científico. Según el Dr. Atala, los tres mayores desafíos de la ciencia en esta área de la medicina han estado relacionados con la inhabilidad de crecer células humanas primarias en grandes cantidades fuera del cuerpo, los biomateriales que no eran aceptables en humanos, y finalmente, el problema de la vascularidad, que no era posible para tejidos más complejos.

Precisamente, fue el primero de estos desafíos lo que motivó al prestigioso  investigador peruano, recientemente distinguido como Doctor Honoris Causa de la UNMSM, a adentrarse en el naciente mundo de la medicina regenerativa.

Así, tras una serie de estudios, se pudo localizar las denominadas células progenitoras (aquellas que dan origen a otras células dentro de un mismo tejido) e identificar los factores de crecimiento, con lo cual fue posible lograr, en el laboratorio, el crecimiento de células. “25 años después, los tejidos humanos ya pueden crecer fuera del cuerpo”, declaró con satisfacción el especialista.

El segundo desafío fue el de los biomateriales, que se emplean para ingresar al cuerpo las células expandidas en el laboratorio. Un buen biomaterial, precisó el profesor Atala, debe ser biocompatible para que no genere una reacción inflamatoria del organismo, debe tener buenas propiedades biomecánicas y estructurales del tejido que se desea replicar.

Por ejemplo, “si queremos usar un biomaterial para reemplazar un pedazo de hueso, este va a tener que ser muy diferente al que utilizaríamos en caso de reemplazar un vaso sanguíneo. Uno es bien fuerte, el otro es elástico y las propiedades son totalmente diferentes”, argumentó, al tiempo de informar que actualmente se realizan estudios para mejorar la producción y calidad de los biomateriales.

Los avances en medicina regenerativa habían llegado a un punto en que era posible contar con suficientes células para cubrir un estadio de fútbol, pero únicamente se podían colocar a un paciente un volumen de tres milímetros cúbicos de células; es decir, menos del tamaño del borrador de un lápiz. “Esta era la máxima distancia de difusión, en la que las células podían sobrevivir sin vascularidad”, añadió nuestro compatriota al resumir el tercer desafío a encarar.

Sería la misma naturaleza la que daría mayores luces para superar dicho reto de vascularidad y nutrición mediante el mecanismo denominado ramamiento. “El cuerpo humano entero está basado en ramamiento, que ocurre en las ramas vasculares de un órgano similar al que sucede en las hojas de un árbol”, refirió el Dr. Atala, quien para clarificar el tema hizo la siguiente analogía.

“Supongamos que tenemos una hamaca, que sería el biomaterial, a la que se ha incorporado una manguera. Alrededor de ella se coloca una frazada (de células) la cual, finalmente, terminará mojada porque la hamaca tiene la propiedad de ramamiento”.

Con esa certeza, hace 20 años se hizo un experimento con células de músculo humano, que fueron expandidas y luego inyectadas en la espalda de un ratón; sin embargo, hubo poca vascularidad, por lo cual se decidió inyectar, además, células endoteliales (las que cubren los vasos sanguíneos) y los factores de crecimiento de vascularidad endotelial dando como resultado una muy buena vascularidad, que permitió formar un músculo en la espalda del roedor.

A la luz de estos exitosos resultados, lo que siguió fue la aplicación en humanos. Así, en 1996, fue posible regenerar totalmente la uretra de un paciente. Desde ese año, esta tecnología ha sido usada en millones de pacientes, con múltiples aplicaciones en cirugía plástica, ortopédica y cualquier aplicación en la que se necesite un biomaterial, donde la distancia sea menor a medio centímetro de cada filo.

“En este momento, ya tenemos 19 años usando biomateriales solos para defectos pequeños, que se pueden usar en cualquier área de la medicina. Y tenemos más de 10 años de seguimiento usando biomateriales con células para los defectos más grandes”, señaló complacido el eminente investigador peruano, quien desde los once años radica en los EE. UU.

Los estudios y ensayos continuaron y en el 2004, el Dr. Anthony Atala lideró el equipo de especialistas que logró la proeza médica de implantar una vejiga del laboratorio al cuerpo de un paciente, convirtiéndose en el primer órgano implantado a un humano aplicando los conocimientos de la medicina regenerativa.

Ahora esta sorprendente disciplina científica apunta a la generación de órganos sólidos como el hígado, páncreas, riñón, corazón, etc., que son los más difíciles de replicar, puesto que, según explicó el Dr. Atala, hay más células por centímetro cúbico en este tipo de órganos que en cualquier otro.

Aún hay muchos estudios y ensayos que realizar para lograr ese objetivo, sin embargo, los avances obtenidos hasta el momento por la medicina regenerativa abren la posibilidad real de que las próximas generaciones de seres humanos puedan reemplazar sus órganos dañados por otros sanos, sin la angustiante incertidumbre, imperante en el presente, de encontrar un donante.

Fuente: http://www.unmsm.edu.pe/noticias

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